martes, 19 de enero de 2016

CUANDO DOS GENIOS SE UNEN

Hola a todos.
No podía faltar en este blog un homenaje al llorado David Bowie.
En esta ocasión, no sólo quiero rendirle un pequeño tributo a él. También quiero rendírselo a otro grande que nos dejó hace veinticuatro años. El siempre inolvidable Freddy Mercury...
¡Poner a Adam Lambert en el lugar de Freddy en Queen es un insulto! Nadie puede sustituirle. Creía que ya le había quedado claro a Brian May cuando se unió Paul Rodgers a la banda. Freddy es insustituible.
Freddy era un genio. David era otro genio.
Se unieron para cantar juntos un maravilloso tema.
Under Pressure es un tema del año 1982. David ya había hecho los coros para el tema de Queen Cool Cat. 
Fue creado el tema de manera casi espontánea entre David y Freddy. Sin embargo, hubo sugerencias que fueron aceptadas por parte de los demás integrantes de la banda.
Os dejo con esta genial canción que nos regalaron dos grandes mitos de la Historia de la Música.


lunes, 18 de enero de 2016

UN RETRATO DE 1820

Hola a todos.
Hoy, os traigo esta foto que he encontrado mientras navegaba por Internet.
Mi blog novela Una Pareja Enamorada ha entrado en el año 1820.
Por eso, quiero compartir en este blog esta foto. Pertenece a un retrato de ese año publicado en lo que parece ser una revista femenina de su tiempo.
Quién aparece en el dibujo es una dama de la época, lady Worsley. Luce un vestido muy a la moda de la década de 1820.
Como podéis ver, el llamado estilo Imperio que se llevó desde finales del siglo XVIII hasta 1819 está quedando atrás.
¿Qué os parece?

domingo, 17 de enero de 2016

UNA PAREJA ENAMORADA

Hola a todos.
El fragmento de hoy tiene un poco de todo.
¿Vamos a conocer la identidad del misterioso Bruce?

                            Lady Kate veía a Susan muy cambiada.
                            Le parecía raro verla en el salón hablando y riendo con aquellas tres jóvenes. Las primas de Susan...
                            La joven le había comentado a su madre que deseaba viajar a Londres. En realidad, no se lo había dicho directamente. Pero Susan se lo había dado a entender.
                           Arianne le había dicho a su tía que Susan no podía permanecer en aquella isla si ella no lo quería. La joven era la nieta de un conde. Su abuelo aún vivía.
-Le diré al abuelo que le proporcione una dote a Susie-le propuso Arianne a su tía en el saloncito-Le escribiré. Él nunca me ha negado nada.
-No lo hagas, querida-le pidió lady Kate-No querrá saber nada de mí.
-Escuché lo que ocurrió en realidad. Tía Kate, no tuvo nada que ver con el amor. Fuiste una víctima.
-No...
-Tía Kate...Susie cree lo que le has contado. Que te sedujeron y te abandonaron.
-La mentira puede ser menos dolorosa que la verdad.
-Tía Kate...Eso no es cierto. Susie es otra víctima inocente de ese miserable. Sabe de su existencia. Sabe que es el fruto de la canallada que te hizo. Mi madre...
-Ha pasado mucho tiempo. Es mejor que lo olvidemos. Susie...Es feliz. ¡Basta con verla!
                       Lady Kate palmeó la mano de su sobrina.
                       No quería recordar el pasado. Tanto tiempo llevaba diciendo aquella mentira que quería pensar que era cierta.
                        ¿Cómo iba a mirar a su hija y contarle la verdad acerca de su concepción? Sería un mazazo terrible para Susan.
                       Aquella terrible noche había dejado demasiadas heridas en el corazón de lady Kate. Había quedado mancillada para siempre. La había obligado a huir de Londres, la ciudad donde tan feliz había sido. El corazón de la mujer pertenecía a Londres. Su ciudad de origen...
                       Había condenado a Susan a ser una bastarda. Y había otra víctima inocente de aquella ignominia bajo la tierra. Su pequeño Bruce...Recordaba que Lucien había sido para ella un sustituto de Bruce.
                       Nunca le había contado a su hija la verdad. No se había sentido capaz. De pronto, tenía la sensación de que la joven que estaba con ella no era su hija. Era otra persona.
                      Una joven que estaba enamorada. Una joven que había encontrado tres nuevas amigas. Sus primas...Y que quería saber muchas cosas.
                      A solas en su habitación, lady Kate se paseaba de un lado a otro con nerviosismo. Le resultaba imposible contarle la verdad a Susan. Porque ello suponía tener que revivir las dos noches más terribles de su vida. Arianne parecía saber algo. Pero no sabía toda la verdad. Escuchó a su hija riéndose con sus primas en la pequeña biblioteca de la casa. Debían de estar leyendo algún libro divertido.
                       ¿Qué hago?, pensó angustiada.
                       Susan merecía saber la verdad.
                       Algunos días después, llegó una carta para Danielle y para Gaelen.
                       Sin embargo, fue Gaelen quién leyó la carta. Danielle se había retirado a descansar porque le dolía la cabeza. Salió al jardín a leer la carta.
                        Reconoció la letra de su padre. También percibió algo distinto en su letra. Estaba temblorosa.

                        Espero que tanto tu prima como tu tía se encuentren bien. La situación aquí es mala. Ese hombre está en la ciudad. 
                       Tu madre está furiosa. Ha sido la única de esta maldita familia que ha ayudado a tu pobre tía. El otro día, tuvo una fuerte discusión con tu abuelo. 
                       Le echó en cara que no supo defender a tu tía. Le ha dicho que ella hará algo al respecto. Temo que cometa una locura. Será mejor que no traigas a tu prima a Londres. Es tu deseo, pero es mejor que se quede en la isla. No quiero condenarla al ostracismo. 
                      Ese hombre es un verdadero depravado. Me aterra lo que pueda pasar si la ve. 
                      Cuida de ella, hija. 



                          Gaelen sabía muchas cosas.
                          Sus padres nunca habían tenido secretos para con ella. Siempre había sido la más madura de sus hijas.
                          Sabía quién había cometido aquella salvajada que condenó a su tía al ostracismo. Sabía que su madre había jurado venganza. La conocía demasiado bien.
                          Dobló la carta. Su mano tembló al hacerlo.

viernes, 15 de enero de 2016

ISLA DE SÁLVORA

Hola a todos.
He encontrado información en Internet sobre un lugar muy bonito. Se trata de la isla gallega de Sálvora.
Aquí os traigo un poco de información sobre este lugar.

            La Isla de Sálvora, situada en la desembocadura de la Ría de Arousa, entre las puntas Centoleira y Do Couso, pertenece al término municipal de Ribeira y se sitúa a nueve kilómetros de Santa Eugenia de Ribeira y a 24 de Vilagarcía de Arousa. Tiene una superficie de 1.876.445 metros cuadrados.

Navegando por Internet, he encontrado esta foto sobre la isla. 


Es un lugar bastante bonito. ¿No os parece? 
No he leído nunca una novela que transcurra en la isla de Sálvora. Se me están ocurriendo unas cuantas ideas. 
¿Qué os parece? ¿Os gusta? 

jueves, 14 de enero de 2016

UNA PAREJA ENAMORADA

Hola a todos.
Empieza a crecer el misterio en torno al misterioso Bruce, que está enterrado en el cementerio de la isla.
¿Será alguien cercano a Susan?
Danielle también tiene a alguien a quién llorar. Su hermana gemela Melissa...

                           Susan no conocía a ningún Bruce.
                           Fue la contestación que le dio a la pregunta que le hizo Arianne acerca de un bebé llamado Bruce. Había nacido en la isla. Ésa era la conclusión que había sacado Arianne.
                           Susan y sus primas acudieron al cementerio. Danielle y Gaelen sentían cierta curiosidad por visitar la tumba del pequeño Lucien.
                          Entonces, Arianne les habló de la tumba que había visto. Susan la había visto muchas veces.
                          Les contó a sus primas que su madre visitaba aquella tumba. Le ponía flores con frecuencia. Incluso, se quedaba mirando la lápida con pesar. Arianne miró con estupor a su prima.
-¿Quién es Bruce?-le preguntó.
-No conozco a nadie que se llame así-respondió Susan-Mamá me contó que le daba pena el niño. Por eso, coloca flores en su tumba.
-¿No tiene familia?-quiso saber Gaelen.
-Mi madre me contó que no lo sabía. Yo he intentado averiguar algo por mi parte. Es algo curioso. Cuando encontré a Lucien, mi madre se echó a llorar. Yo la oí llorar en su habitación aquella noche. Creo que estaba preocupada.
-Hay gemelos en la familia.
-Es verdad-intervino Danielle-Yo tuve una hermana gemela.
-¿Tuviste?-se sorprendió Susan.
-Tu prima Melissa...Mi hermana...En realidad, no nos parecíamos tanto como decían nuestros padres. Te miro y veo a Melissa. Era como tú. Muy cabezota...
-¿Qué le ocurrió? No me lo cuentes si no quieres.
                        Danielle suspiró. Gaelen y ella intercambiaron una mirada llena de nerviosismo. Les dolía hablar de Melissa. Les dolía recordarla.
-No importa-contestó Danielle-Melissa...Murió poco antes de conocer yo a sir Arthur. Siempre tuvo una salud fuerte. Pero...Es una historia muy triste. No vale la pena seguir hablando.
                        Susan se arrepintió de haber hablado de Melissa. La prima a la que nunca llegaría a conocer. Posó la mirada sobre la tumba.
                         El comportamiento de su madre cuando estaba ante aquella tumba era extraño. Una vez, oyó decir a una de las criadas que Susan había sido un verdadero milagro. Había nacido prematura.
                       Estaba viva. Podía dar las gracias a Dios. ¿De verdad mi madre está contenta de que yo viva?, pensó Susan. Se arrepintió de haber tenido tales pensamientos.
                      Le dio un beso a Danielle en la mejilla.
                      Regresaron a casa con paso lento. Danielle se arrepentía de haber mencionado a Melissa. Un día, su hermana estaba entusiasmada haciendo planes de boda con el joven heredero del condado de Dunmore. Sus padres estaban encantados con aquel enlace. Uno de los mejores partidos de todo el país iba a casarse con su hija menor. Primero, había nacido Danielle. Melissa tardó diez minutos en nacer después de haber empezado a llorar Danielle.
                      Los padres de las tres decidieron hacer caso omiso de los rumores. La madre de Noah, el prometido de Melissa, era oriunda de Whitechappel. Se las daba de gran dama. Pero había crecido en las calles. Era la hija de una prostituta. Y una tía suya, hermana de su madre, era la dueña de un burdel. Sin embargo, se daba muchos aires. Melissa detestaba a su futura suegra.
                      Un accidente de carruaje sesgó las vidas de Melissa y de Noah. Éste era hijo único.
                      Lord Dunmore era la clase de hombre que lo había tenido todo a lo largo de su vida. Cuando la vida le quitó a su único hijo, se volvió loco.
                      Susan no dejó de pensar en lo que le había contado su prima Danielle. Y también pensó en Bruce. ¿Quién era realmente aquella criatura? Necesitaba saber más cosas acerca de su desconocida prima Melissa.
                    Pero también necesitaba saber cosas acerca de Bruce. En cuanto llegó a casa, quiso hablar con su madre. Le preguntó directamente quién era Bruce. El niño que estaba enterrado cerca del lugar donde Lucien descansaba. Lady Kate se puso pálida al escuchar aquel nombre. Bruce...
                    Susan le cogió las manos.
-¿Lo conozco?-le preguntó.
                     Lady Kate luchó por no recordar el durísimo parto. Un parto que se le adelantó un mes antes de lo previsto. Sólo quería escuchar el llanto de su pequeña. Pero intentaba no recordar el débil llanto que acompañó al llanto de Susan.
                    Danielle, a solas en su habitación que compartía con su prima y con su hermana mayor, también luchaba por no pensar. Melissa y ella fueron presentadas en sociedad al mismo tiempo. Cuando acudieron a la fiesta en la que tendría lugar su debut, las dos estaban muy nerviosas. Danielle no podía disimularlo cuando entraron en aquel salón lleno de gente. En cambio, Melissa parecía una Reina. Danielle la envidió.
                 Melissa causó sensación en aquel baile. Danielle, en cambio, pasó desapercibida.
                 Cuando quiso darse cuenta, el joven lord Noah ya había posado la vista en Melissa.
                  Ocurrió todo demasiado deprisa, en opinión de Danielle. De pronto, Noah se convirtió en un visitante asiduo de la casa. Melissa estaba encantada. Solía deleitarle dando conciertos caseros de piano. Estaba enamorada de él.
-¡Lo amo!-le confesó a sus hermanas y a su prima Arianne cuando estaban visitando a una modista en Regents Street-Noah quiere que nos casemos. Hablará con padre para pedirme en matrimonio.
-¡Casi no le conoces!-se asustó Arianne.
-¡Pero eso no importa! Yo sé que nos amamos.  
-Piénsalo bien-le rogó Gaelen-No cometas un error.
-He tomado una decisión. Espero que la respetéis. Amo a Noah. ¡No me pidáis que me aleje de él!
                     Cuando Danielle quiso darse cuenta, Melissa se había convertido en la mujer de Noah. Los condes no estaban nada contentos con aquella unión. Decían que Noah merecía algo mejor. Sin embargo, el padre de Arianne alegó que eso era imposible. Todo el mundo conocía el origen de lady Dunmore. Le habían hecho la cruz desde el mismo instante en el que se casó con el conde. No era invitada a fiestas. Apenas salía a la calle. Y los niños siempre le habían hecho el vacío a Noah. Su hijo podía considerarse afortunado.
                   Melissa era miembro de una adinerada y aristocrática familia. Todavía pesaba sobre los Doyle el recuerdo del escándalo que había protagonizado Kate.
                     El matrimonio apenas duró un año.
                    Melissa había recibido una educación esmerada. Había llegado virgen a su noche de bodas.
                    Noah tenía la fama de ser un depredador sexual. Desde que perdió la virginidad siendo un adolescente. Había tenido numerosas amantes. Y no pensaba cambiar sólo por el hecho de haberse casado.
                    Melissa le atraía muchísimo. Poseía una gran belleza. Y su cuerpo...
                   La noche de bodas, Melissa acabó aterrada. Había disfrutado muchísimo en la cama con su marido.
                   Pero a éste no le importaba el cómo hacerlo. Por delante...O por detrás...
                   Había lamido cada centímetro de la piel de Melissa. Había mordido con suavidad su carne. Incluso, había metido su miembro en la boca de Melissa. Luego, la había besado con sensualidad.
                   Todas las noches, salía por ahí. Melissa empezó a escuchar el rumor de que su marido visitaba burdeles.
                   Pero las prostitutas no le satisfacían. Podía desfogarse con ellas. Sin embargo, siempre quería más. Pensó en tener una amante.
                    Pero tampoco le iba a ser suficiente. Además, estaba Melissa.
                    Los escándalos que Noah protagonizó aquel año fueron sonados.
                    Melissa no quería hablar de ellos. Su marido la amaba. Ésa era la imagen que debía de dar al mundo. Y, a su modo, era verdad.
                     El conde habló con su hijo. Le recordó que era un hombre casado. Así se lo dijo nada más entrar Noah en su despacho.
-Debes de respetar a tu mujer-le recordó-Ella no es ninguna prostituta.
-Lástima que mi abuela sí fue una prostituta-ironizó Noah.
-Espero que tu madre no lo haya escuchado.
-Jamás le faltaría el respeto a mi madre. Y tampoco le estoy faltando el respeto a mi esposa.
                      Melissa hizo la vista gorda. En ocasiones, deseaba quedarse embarazada. Pensaba que un hijo solucionaría sus problemas. Noah cambiaría si le daba un hijo.
                      Además, sus suegros no le tenían demasiada estima. Tampoco ella les tenía mucho cariño. Su suegro era un hombre que no sabía lo que era pasarlo mal en la vida. Todo le había venido rodado. Y su suegra tenía demasiados aires para haber nacido en Whitechappel.
                     Noah y ella hacían el amor todas las noches. A pesar de que él venía de estar en los burdeles más refinados de la ciudad. Siempre buscaba a Melissa. Y ella lo esperaba despierta. Noah nunca tenía suficiente con nadie. Y quería terminar la noche con ella. De algún modo, eso rebajaba a Melissa.
                    Sus suegros tenían una casa en la isla de Osney. Noah y Melissa decidieron irse a vivir allí. De aquel modo, Noah estaría alejado de las tentaciones. Melissa se puso muy contenta. Su matrimonio empezó otra etapa.
                     Noah y ella hacían el amor dos o tres veces ¡durante la noche! Incluso, podían estar así durante días. El comportamiento de Noah no era normal. Eso era lo que los pocos criados que tenían decían.
                      A pesar de todo, Melissa no lograba quedarse embarazada. Noah no se lo echó en cara.
                     Decía que era mejor así.
                     Le gustaba llenar de besos el cuerpo de Melissa. La acariciaba con sensualidad con las manos.
                     Y ella disfrutaba.
                    La besaba con pasión. Introducía su lengua en el interior de la boca de Melissa cuando la besaba. Y ella se rendía ante él con aquellos besos.
                    Disfrutaba sintiendo la lengua de Noah en cada porción de su cuerpo.
                    Danielle escribió en su diario lo que había hecho durante el día. Sin embargo, sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar a Melissa.
                    Poco después de cumplir su primer aniversario de boda, Noah y Melissa decidieron viajar a Londres. Iba a empezar la temporada en sociedad. Danielle estaba desesperada.
                     Deseaba ver a su hermana para contarle que todavía no había recibido una oferta de matrimonio. Estaba más unida a Melissa que a Gaelen. Su hermana se había resignado a la idea de quedarse soltera. En cambio, Danielle deseaba casarse.
                     Danielle estaba dando un concierto casero de arpa. Toda su familia estaba allí congregada. De pronto, alguien llamó a la puerta. El mayordomo fue a abrir.
-Buenas tardes...-oyó saludar a alguien.
                     Danielle no recordaba nada más.
                     Sólo podía recordar los rayos de Sol colándose por el enorme ventanal del salón. Recordaba el grito de dolor que profirió su madre cuando le dieron la noticia. Danielle sintió una dolorosa presión en el pecho. De vuelta al presente, estaba lloviendo.
                     Danielle escuchó el viento agitando las ramas de los árboles. El sonido de la lluvia golpeando contra el cristal de la ventana. Melissa se había ido para siempre.
                     Susie te habría gustado, pensó Danielle.
                    Os parecéis mucho.
                     Luego, pensó en el pequeño Bruce.
                    Danielle siguió escribiendo, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas. Intuía que a su prima le ocurría lo mismo.
                      Susan se encontraba sola en su habitación. Una extraña sensación la embargó. Creía que su madre le estaba ocultando algo.
                    Había muchas cosas en su interior que estaban empezando a aflorar. Quería viajar a Londres. Sí, deseaba tener una puesta de largo.
                     Estaba empezando a soñar con la idea de poder casarse con Gerard. De poder mirar a la familia que la había despreciado a la cara. No tenía sentido seguir viviendo allí escondida.
                    Quería abrazar a Gerard a la vista de todo el mundo. Quería besarle en el Parque de Saint James.
                    Quería bailar con él.
                    Quería hacer mil cosas con él.
                   Pero también deseaba saber más cosas sobre su padre. El mismo hombre que la había abandonado en cuanto supo que iba a nacer. Un desconocido para ella...Un ser sin rostro...
                    Y quería saber quién era el misterioso Bruce. El bebé al que su madre lloraba en el cementerio.



                      Decidió escribirle una carta a Cassandra. De aquel modo, podría desahogarse con alguien. Ignoraba si Cassandra habría llegado al convento.
                      ¡Cómo la echaba de menos! Cassandra la habría entendido.
                       Como la entendía Gerard. Una sonrisa afloró en los labios de Susan cuando pensó en Gerard.

martes, 12 de enero de 2016

UNA PAREJA ENAMORADA

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo fragmento de mi blog novela "Una pareja enamorada".
Este fragmento está centrado en nuestra pareja, Susan y Gerard.
Es el inicio de una nueva etapa en su relación.

                             Gerard tenía impregnada en su piel el aroma de Susan. Intentar trabajar aquel día fue tarea imposible. La noche antes, se había vuelto a colar en la habitación de Susan.
                             Aún conservaba en sus labios el sabor de su piel.
                             Lo esperaba sentada en la cama y lo recibió con los brazos abiertos en todos los sentidos. Gerard la recostó con suavidad sobre la cama y tuvo la sensación de que estaba ante otra Susan.
                              Una Susan distinta...Una Susan más abierta...Más receptiva...
                             El olor que desprendía su cuerpo le nubló la mente mientras la abrazaba con fuerza. Mientras la besaba con pasión.
                            No fue capaz de dejar de besarla mientras se desnudaban el uno al otro. Gerard llenó de besos el rostro de Susan una vez que la ropa quedó esparcida por el suelo de la habitación. La besó con arrebato en el cuello.
                            Se sentía libre.
                            Aquella noche, se habían amado de una manera apasionada. Gerard se dejó llevar por sus instintos.
                            Se estremeció al sentir las manos de Susan acariciando su torso. Rodeó con los brazos la cintura de avispa de la joven.
-Nos casaremos en cuanto tú quieras-llegó a decirle Gerard-Dime cuándo.
                           La contestación de Susan no llegó nunca. Pero Gerard estaba seguro de que habría una contestación antes o después. Su familia no era quién para imponerle nada. Era verdad que sus tíos se habían ido. Pero no se fiaba nada de ellos. Antes o después, su familia volvería a la carga de alguna manera.
                         Al introducir su lengua en el interior de la boca de Susan, Gerard deseó poder beber de ella.
                           Se alegraba de saber que su amada tenía contacto con sus primas. Gerard las había visto en ocasiones paseando juntas. Era evidente que Susan echaba de menos a Cassandra. En su corazón, siempre sería como una hermana para ella. Pero las primas le contaban toda clase de historias cuando se sentaban en el suelo, a la orilla del río Támesis. Le hablaban de Bath. De las fiestas a las que habían acudido cuando iban a visitar la ciudad.
-Te encantaría conocer Bath-le aseguraba Gaelen-Seguro que nunca has visto un partido de cricket. ¡Es algo asombroso!
                      En la penumbra de aquella habitación, Gerard le susurró tiernas palabras a Susan.
                      Los jadeos de ambos se unieron.
                      Gerard llenó de besos los pechos de Susan. Los lamió con suma lentitud provocando toda clase de estremecimientos en ella.
                      Era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida. No quería alejarse de ella.
                     Susan rodeó con sus piernas las caderas de Gerard.
                     Poco a poco, el cuerpo del joven se fue introduciendo en el interior de su amada. Los dos comenzaron a moverse.
                       Los movimientos eran suaves al principio. Poco a poco, comenzaron a ser más rápidos. Más agitados...
                       Y, de pronto, todo estalló alrededor de ellos.
                       Susan no tardó mucho tiempo en quedarse dormida. Gerard, en cambio, no pudo conciliar el sueño.
                      Le asaltaba la idea de quedarse allí.
                      Abrazó con fuerza a la joven.
                      Lady Kate o alguna de las primas de Susan o alguna criada podía entrar en la habitación. Podía encontrarles juntos.
                     Entonces, no les quedaría otra opción que casarse. Pero eso no era lo que Susan quería. Y Gerard la amaba demasiado. La respetaba como no respetaba a nadie. Amar significa respetar. Lo único que le importaba era hacer feliz a Susan. Sabía que su amor por ella era correspondido en igual medida.
                   Lo estaba logrando. Las murallas que había construido Susan a su alrededor estaban siendo derribadas poco a poco.
                     No podía centrarse en revisar las cuentas de mister Jeremiah. Por suerte, el anciano no estaba presente en el despacho. Había salido con su mujer a dar su habitual paseo matutino. De estar allí, le habría hecho toda clase de preguntas.
                    A Susie le gustaría visitar Inglaterra, pensó Gerard.
                   La tarde antes, había ido a visitarla.
                   Aceptó quedarse a tomar el té con la joven y con sus primas.
                   Lady Kate estaba presente en el comedor.
                   Pero fueron las cuatro jóvenes las que mantuvieron el peso de la conversación. Sobre todo, las primas de Susan.
                   Danielle cogió una pasta que había preparado una de las criadas para acompañar el té.



-Debería de darse prisa en casarse con nuestra prima, señor-le instó a Gerard.
-¡Por Dios, prima!-se sonrojó Susan.
-Si no se casa con Susie, nos la llevaremos a Londres-le advirtió Gaelen-Háganos caso. Susie es muy bella. Podría casarse con un duque si así lo quiere.
-¿Con un duque?-se asombró la aludida-Eso no se lo cree nadie.
-¿Usted qué opina?-le preguntó Arianne a Gerard.
-Yo no voy a heredar nada, porque mi tío ya tiene herederos. Sus hijos...Mi tío es vizconde.
-Bueno...Pero quiere a nuestra prima.
-Así es.
-Dejemos de hablar de mí-pidió Susan, sonrojada-Hablemos de otro asunto.
                       Gerard se marchó un rato después y besó las manos de las cuatro jóvenes a modo de despedida.
                       Por la noche, pudo llenar llenar de besos el rostro de Susan. Pudo abrazarla. Pudo llenar de besos cada centímetro de su piel.
                       Dentro de nada, estarían casados. Gerard lo sabía.
                       Hablaría de nuevo con lady Kate. Las primas de Susan le apoyaban. Su amada estaría a su lado para siempre dentro de muy poco tiempo.

lunes, 11 de enero de 2016

UNA PAREJA ENAMORADA

Hola a todos.
Hoy, vamos a añadirle algo más de misterio al asunto.
La parte de misterio viene propiciada por una de las primas de Susan, Arianne.

                               Susan les habló a sus primas de Lucien, su hermano adoptivo.
                               Algo debían de saber éstas cuando no mostraron sorpresa alguna. En el caso de Arianne, sí mostró cierta curiosidad por visitar la tumba de Lucien.
                               Ignoraba hasta dónde había llegado Susan con Gerard. Sin embargo, Arianne tenía la sensación de que Gerard era algo más que el joven al que su prima más joven parecía despreciar.
                               No había nadie en el pequeño cementerio de la isla cuando Arianne entró.
                              Buscó la tumba de Lucien. Había decidido ir ella sola a visitarla.
                               Tanto Gaelen como Danielle habían decidido quedarse en casa. Imaginó que estarían contándole a Susan toda clase de historias. De Londres...De Bath...
                              Arianne pensó que ella misma pudo haber corrido la misma suerte que corrió su tía. En su caso, no se trató de un miserable.
                             Philip y ella se amaban de verdad. Pero venían de mundos distintos.
                             Arianne se enamoró de Philip cuando éste tenía diecisiete años. En su fuero interno, sabía que estaba cometiendo un terrible error. Tuvo que reconocer que había algo de Philip en el joven Gerard. De algún modo, los dos tenían un carácter similar. No sabía bien cómo definirlo.
                            Philip era alto. Era desgarbado. Pero era esbelto.
                            Se había dedicado a robar en tiendas. Le estaba muy agradecido al padre de Arianne por su bondad. Gracias a él, trabajaba como criado en aquella elegante mansión situada en el elegante barrio de Mayfair. Podía comer caliente tres veces al día. Ganaba un sueldo por hacer algunos trabajillos en la mansión. Y sentía que los criados eran la familia que nunca tuvo.
                            El padre de Arianne encontró a Philip medio muerto de hambre y de frío en mitad de la calle. No dudó ni un instante en traerlo a su casa.
                           Arianne tenía dieciséis años en aquella época. Vivía a caballo entre el campo y la ciudad. Había crecido escuchando la historia de la caída en desgracia de su tía.
                          Todavía la guerra estaba sacudiendo el continente. Philip hablaba de ir allí a luchar. Quería hacerse respetar por todo el mundo.
                           Sin embargo, nadie se dio cuenta de lo que acabó ocurriendo. Arianne y Philip se enamoraron.
                          Todo empezó de la manera más inocente.
                          Una tarde, mientras estaba leyendo sentada en su sillón favorito de la biblioteca, Arianne se dio cuenta de que Philip la estaba mirando de un modo muy raro.
                          Otra tarde, estaba en el jardín con él.
                         Le estaba mostrando orgullosa las margaritas que había plantado junto con su prima Gaelen y que habían florecido cuando Philip hizo algo inesperado.
                          La besó de lleno en los labios.
                          Los meses que siguieron fueron una verdadera locura. Philip aprendió a escribir para poder escribirle cartas de amor a Arianne. Se encontraban en la parte trasera del jardín. Se veían en los Jardines de Vauxhall.
-¿Qué vamos a hacer?-le preguntaba Arianne a Philip.
-Marcharé al continente a pelear-respondía el chico-Lograré hacerme respetar. Y, entonces, podremos casarnos.
-¡No te vayas! ¡Por Dios, no lo hagas!
                        Arianne cometió otra locura.
                       Una noche, Philip se coló en su habitación.
                       Arianne, a pesar de todo, no le echó. Hizo algo aún peor.
                       Se entregó a él.
                       Lo recibió en su cama.
                       Se dejó llevar por todos los besos que él le dio.
                      Los dos eran vírgenes. Fue la primera vez para ellos. La primera vez que Arianne guardaba a fuego grabada en su mente.
                       En las semanas siguientes, Philip se coló en más ocasiones en la habitación de Arianne por las noches.
                        Arianne sabía que aquella relación no conducía a ninguna parte. Pero los dos estaban profundamente enamorados. Philip creía que lograría hacerse respetar si volvía a Inglaterra convertido en un héroe de guerra.
                        Las noches volaban mientras Arianne recibía en los labios todos los besos que le daba Philip. Se abrazaba a él. Disfrutaba cuando las manos del chico la acariciaban. Sus labios cubrían de besos su piel. La besaba en el cuello. Besaba con delicadeza sus pezones.
                      A pesar de todo, Philip quería ofrecerle el mundo a Arianne si ésta se lo pedía. Por ese motivo, gastó todo el dinero que tenía en comprarse una graduación. Después de ello, se marchó al continente. Si no conseguía su objetivo, nada más volver a Londres, huirían a Gretna Green para casarse.

  

                  Mientras caminaba en dirección a la tumba de Lucien, Arianne notó cómo las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
                    Creyó morir cuando una de las criadas le contó que Philip había muerto durante la batalla de Waterloo.
                  Por lo menos, estas personas están aquí enterradas, pensó Arianne. Miró las tumbas que había a su alrededor. Las cruces de madera...Las lápidas de mármol...Philip había sido enterrado en una fosa común. Trató de disimular ante sus padres. Ni siquiera sus primas conocían aquella parte de su historia.
                   No le había mentido a Susan. De haber vivido Philip, habría ido a buscarla. Habrían huido a Gretna Green para casarse.
                  Philip la había amado de verdad. No llores, pensó Arianne.
                  Se fijó en una tumba que estaba cerca de la tumba donde estaba enterrado Lucien. Era una tumba más bien pequeña. Parecía que habían enterrado allí a un bebé. O eso fue lo que pensó Arianne. Ni siquiera le quedó el consuelo de haber tenido un hijo de Philip. A pesar del escándalo, una parte de él habría vivido con ella.
                   Llena de curiosidad, Arianne se acercó a la tumba. Parecía que alguien la visitaba con frecuencia. Había un ramo de flores allí colocado. Rosas...Rojas...
                   Había un nombre inscrito en aquella lápida. Bruce...Y creyó ver algo más.
                   La lápida era de mármol. Alguien debía de limpiarla con mucha frecuencia, dedujo. Pudo leer la fecha que había en la lápida. 25 de abril.
                    Arianne se quedó helada. No había más fechas. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. Aquella tumba...Había un bebé enterrado allí. Un bebé...Y, posiblemente, no había llegado a nacer con vida.
                    Regresó a casa sintiéndose más hundida que nunca. Entró directamente en el salón. Le pareció irreal la escena que vio.
                     Como una sonámbula se sentó en una silla. Vio a Susan hablar de manera animada con Gaelen y con Danielle.
                      Y luchó por no recordar la tumba del bebé que había enterrado en el cementerio, junto a la tumba del pobre Bruce.
                      Luchó por no recordar la última vez que besó a Philip.
-¡Qué mala traes, querida!-observó lady Kate.
-He estado en el cementerio visitando la tumba de Lucien, tía Kate-le contó Arianne-Me habría gustado mucho haberle conocido.
-No lo sientas, hija.
-¿Por qué no celebramos una fiesta?-propuso Gaelen-Hace mucho tiempo que no voy a una fiesta.
-Habréis ido a muchas fiestas en Londres-contestó Susan, risueña.
-Se puede celebrar una fiesta en cualquier lugar-alegó Danielle-¡Seguro que habrás ido a fiestas que se han celebrado aquí! ¿Verdad que sí?
-Sí...